Desde el más allá
Aún no puedo creer lo que esta pasando, mi cuerpo esta tendido en el piso, mi mujer llora y grita implorando que alguien me auxilie, mis dos pequeños hijos están abrazados, llorando por mí, alcanzo a escuchar sus vocecitas diciendo: ¡Papi, despierta, no te vayas, tengo miedo!
Quiero abrazarlos, decirles que se calmen, que todo estará bien, pero no puedo, siento una gran impotencia, ¿porque a mi?, ¿que me hicieron?, han destruido a mi familia, no quiero irme, dicen que cuando uno esta muerto debe ir a la luz, y yo la veo, pero no quiero seguirla, quiero justicia, nosotros no merecemos separarnos así.
No se exactamente que paso, solo que salimos de la casa, llevábamos a los niños al parque, mi hija se puso sus patines y mi pequeño de cuatro años se subió a su triciclo, mi esposa y yo caminábamos de tras de ellos, abrazados como cuando éramos novios, a pesar de tener siete años de casados, todavía con el amor del primer día, siempre fuimos una familia feliz.
Recuerdo que al momento de estar en el parque, algo en mi no estaba tranquilo, vi pasar varias patrullas, después varios autos a alta velocidad, le dije a mi esposa: “vámonos a la casa, el diablo anda suelto”, nos encaminamos al auto, escuché que alguien gritó que nos agacháramos, mi primer reacción fue tirar a mi esposa y tirarme sobre mis hijos para protegerlos, al levantar la vista alcancé a visualizar que de una camioneta salían balas, atrás de ellos elementos del ejercito repelían esos balazos, todo era confuso, el miedo se apoderó de mi, tenía miedo por mi familia, por la gente que estábamos en el parque, de pronto todo se nubló, vi la oscuridad, no supe que pasó.
¿Cuanto tiempo pasó?. Mi cuerpo tirado, en un charco de sangre, hay gente alrededor mío, llegan socorristas, agentes, no se quien mas, me cubren el cuerpo y el rostro con una sábana blanca, retiran a mi familia del lugar, yo les grito que no, “Por favor no se los lleven, no me cubran, yo no me quiero ir, no quiero morir, mis hijos se quedan en el desamparo, mi esposa se sumirá en la tristeza, que van hacer sin mi, yo soy el sostén familiar: Por favor Dios, hazme despertar de esta pesadilla, di que es un mal sueño”.
Dicen que cuando una persona muere ve su vida como en una película, hace un recorrido por los lugares que amaba y yo hago eso, voy a mi casa, quiero ver a mi familia, me preocupa pensar como harán ahora para pagar las deudas, para pagar las cuentas pendientes de la casa, no vivíamos con ningún tipo de lujos, yo tenía dos trabajos y hacía “chambitas” extras, para sostener a mi familia, mi esposa se dedica al hogar, a cuidar a nuestros hijos.
Hace días, como un mal augurio, pensábamos en la muerte, cuanto cuesta un funeral, pedimos informes y fue tal nuestra consternación cuando nos dijeron que lo mas económico eran 15 mil pesos, mas la compra del terreno en el panteón, traslados, actas, flores y todas esas cosas que la cifra superaba los 20 mil y la verdad nos echamos a reír, pensamos que en unos días mas, tal vez compraríamos un seguro, pero la pregunta era ¿Cómo lo pagaríamos?, ¿Cómo pagaríamos un funeral? Mi sueldo apenas alcanza para medio vivir, medio comer, medio subsistir, yo ganaba en la maquiladora 800 pesos semanales, y eso no la verdad es una miseria.
Sigue esa luz resplandeciente ahí, esperando vaya hacia ella, yo quiero irme, pero veo la angustia y desesperación de mi mujer, el rostro de mis hijos preguntando por mi, ellos me siguen atando aquí, yo soy su sostén, no puedo irme, pero se que no hay regreso.
Cuantas almas inocentes como yo siguen vagando, cuidando de su gente, sintiendo la impotencia de no poder descansar en paz, solo pensando en lo que pudo ser y la misma inseguridad y pobreza han marcado que ya no será.
Yo soy uno mas en la lista, ahora soy parte de una estadística de homicidios por casualidad, de esos que murieron por estar en el lugar, el día y lo hora incorrecta y mi familia es una mas de las que existen en este país que se quedaron sin su apoyo moral y económico, sin su ser amado, sin que las mismas autoridades lo reconozcan y digan: ¡Usted disculpe!.
selene cobián mendoza


Comentarios
Publicar un comentario