QUERIDO DIOS
Te escribo esta carta, esperando estés bien y puedas leerla, pues con tantos necios como yo que solo te estamos pidiendo, no has de tener tiempo ni para respirar.
Hoy no te escribo para pedirte algo, hoy quiero que hablemos, si de hombre a hombre, de anciano a anciano, porque tu al igual que yo, ya tu pelo esta pintado de blanco, debes estar cansado de trabajar toda una vida, y harto de tanta ingratitud.
Mira, ahora que te escribo son las tres de la mañana, y estoy en la esquina de la calle Sexta y Morelos, sentado en la banqueta, no creas que soy indigente, aunque te he decir que así me siento, así me hacen sentir las autoridades que gobiernan esta ciudad, este país.
Dios, tengo 69 años, trabajé toda mi vida; desde los 14 años tengo responsabilidades, tuve que estudiar a medias, pues tenía que trabajar para ayudar a mi madre con la carga de mis hermanos y después por mis hijos.
La temperatura bajó a 18 grados y hay mucha humedad, estoy junto con otros 300 ancianos haciendo fila para poder alcanzar una ficha y tramitar la credencial del INAPAM. Mis rodillas me duelen y traigo una gripe que me da miedo se me vaya a volver esa influenza que ha matado a varias personas, pero creo que a nuestras autoridades no les interesa eso, ellos a esta hora deben de estar dormidos en sus camas bien abrigados, sin ninguna dolencia.
Quisiera un cafecito, para aguantar el frío y el sueño, pero ni como ir, imagínate no traigo auto y si me muevo me ganan el lugar y soy como el número 100 en la fila. ¿Erick Silva sabrá que estamos aquí?, ¿Felipe Calderón o Eugenio Hernández, habrán dado la indicación que a todos los viejos, ancianos, tercera edad o como quieran llamarnos debemos estar a la intemperie?
Deben saberlo, a lo mejor es una manera muy sutil de deshacerse de nosotros, (y de ahorrar en muchos descuentos que nos hacen) igual nos da una pulmonía, igual pasa un ebrio conduciendo a alta velocidad y nos lleva a todos, un ladrón, o bien una balacera y nos alcanzan las balas, aquí no hay donde resguardarse, total dirán que somos victimas, nos harán mártires, saldremos en la nota roja de todo el país y prometerán no volver hacerlo, que a las próximas generaciones de “abuelitos” los cuidaran mas.
Soy jubilado del Gobierno Federal, labore mas de 35 años, me considero un buen ciudadano, fui un servidor, nunca defraude ni traté mal a la gente, no soy perfecto, de eso estoy conciente. ¿Sabes cuánto gano por ser un jubilado? Dos mil pesos al mes. Todo sube, menos mi pensión.
Aquí veo a mucha gente como yo, unos están alegres, otros estamos sumergidos en los pensamientos y en los recuerdos, otros están enojados, aquí no veo a los ex presidentes, no veo a los ex gobernadores o a los ex alcaldes. Me gustaría ver haciendo fila a Vicente Fox, el gana mas de 150 mil pesos al mes, y se queja de que no le alcanza y eso que el solo trabajó “sirviéndose” del país seis años, ese si que es un descarado.
Yo creo que Raúl Ramírez, el encargado del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, es una persona joven, que no tiene idea que a los viejos se nos debe respetar, que somos parte de su pasado. No se han dado cuenta que estas canas, estas arrugas y todas estas enfermedades no las tenemos por moda, las tenemos porque ya vivimos, porque ya fuimos jóvenes como ellos.
Pobre de Raúl Ramírez, Erick Silva, Felipe Calderón y de Eugenio Hernández, pobres de todos aquellos jóvenes servidores públicos, que ocupan cargos de Secretarios, Directores, Síndicos, Regidores, Diputados, Senadores, asistentes, secretarias, creen que toda su vida van a ser jóvenes y que nosotros nacimos así de viejos. También serán ancianos y con la vara que están midiendo, ellos también serán medidos y eso es doloroso.
Dios, en esta carta escrita esta noche que estoy en espera, al intemperie, no te pido que me hagas mas joven, la juventud ya la viví y fui feliz, no te pido que me hagas millonario, solo te pido que hagas mas humana a la gente.
Son las cuatro de la mañana, tarde una hora en escribirte, mis manos no son tan firmes como antes, tiemblo, la letras están un poco borrosas, me da vergüenza admitirlo, pero son de dos o tres lagrimas que la tristeza, la impotencia, el dolor y el coraje me han hecho derramar, pero he tomado una decisión, ME VOY A CASA, dejo mi lugar en esta fila, con la tarjeta del INAPAM no seré mas rico, ni mas pobre, pero seguiré conservando mi dignidad, esa que se gana con los años, con la madurez que da la vida, esa que le hace falta a nuestros funcionarios.
No pediré esa tarjeta de identificación, de descuento, la tarjeta que otorga el gobierno de Felipe Calderón a todos los “inútiles” viejitos como yo, ese lugar lo sedo, lo dejo vacante para que lo ocupen en unos años mas, esos funcionarios que hoy nos tratan como estorbos, que no les interesa nuestro bienestar, PORQUE COMO SE VEN ME VI, Y COMO VEN SE VERAN!!
AMÉN
Con cariño
Un anciano más
Selene Cobián Mendoza
Hoy no te escribo para pedirte algo, hoy quiero que hablemos, si de hombre a hombre, de anciano a anciano, porque tu al igual que yo, ya tu pelo esta pintado de blanco, debes estar cansado de trabajar toda una vida, y harto de tanta ingratitud.
Mira, ahora que te escribo son las tres de la mañana, y estoy en la esquina de la calle Sexta y Morelos, sentado en la banqueta, no creas que soy indigente, aunque te he decir que así me siento, así me hacen sentir las autoridades que gobiernan esta ciudad, este país.
Dios, tengo 69 años, trabajé toda mi vida; desde los 14 años tengo responsabilidades, tuve que estudiar a medias, pues tenía que trabajar para ayudar a mi madre con la carga de mis hermanos y después por mis hijos.
La temperatura bajó a 18 grados y hay mucha humedad, estoy junto con otros 300 ancianos haciendo fila para poder alcanzar una ficha y tramitar la credencial del INAPAM. Mis rodillas me duelen y traigo una gripe que me da miedo se me vaya a volver esa influenza que ha matado a varias personas, pero creo que a nuestras autoridades no les interesa eso, ellos a esta hora deben de estar dormidos en sus camas bien abrigados, sin ninguna dolencia.
Quisiera un cafecito, para aguantar el frío y el sueño, pero ni como ir, imagínate no traigo auto y si me muevo me ganan el lugar y soy como el número 100 en la fila. ¿Erick Silva sabrá que estamos aquí?, ¿Felipe Calderón o Eugenio Hernández, habrán dado la indicación que a todos los viejos, ancianos, tercera edad o como quieran llamarnos debemos estar a la intemperie?
Deben saberlo, a lo mejor es una manera muy sutil de deshacerse de nosotros, (y de ahorrar en muchos descuentos que nos hacen) igual nos da una pulmonía, igual pasa un ebrio conduciendo a alta velocidad y nos lleva a todos, un ladrón, o bien una balacera y nos alcanzan las balas, aquí no hay donde resguardarse, total dirán que somos victimas, nos harán mártires, saldremos en la nota roja de todo el país y prometerán no volver hacerlo, que a las próximas generaciones de “abuelitos” los cuidaran mas.
Soy jubilado del Gobierno Federal, labore mas de 35 años, me considero un buen ciudadano, fui un servidor, nunca defraude ni traté mal a la gente, no soy perfecto, de eso estoy conciente. ¿Sabes cuánto gano por ser un jubilado? Dos mil pesos al mes. Todo sube, menos mi pensión.
Aquí veo a mucha gente como yo, unos están alegres, otros estamos sumergidos en los pensamientos y en los recuerdos, otros están enojados, aquí no veo a los ex presidentes, no veo a los ex gobernadores o a los ex alcaldes. Me gustaría ver haciendo fila a Vicente Fox, el gana mas de 150 mil pesos al mes, y se queja de que no le alcanza y eso que el solo trabajó “sirviéndose” del país seis años, ese si que es un descarado.
Yo creo que Raúl Ramírez, el encargado del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, es una persona joven, que no tiene idea que a los viejos se nos debe respetar, que somos parte de su pasado. No se han dado cuenta que estas canas, estas arrugas y todas estas enfermedades no las tenemos por moda, las tenemos porque ya vivimos, porque ya fuimos jóvenes como ellos.
Pobre de Raúl Ramírez, Erick Silva, Felipe Calderón y de Eugenio Hernández, pobres de todos aquellos jóvenes servidores públicos, que ocupan cargos de Secretarios, Directores, Síndicos, Regidores, Diputados, Senadores, asistentes, secretarias, creen que toda su vida van a ser jóvenes y que nosotros nacimos así de viejos. También serán ancianos y con la vara que están midiendo, ellos también serán medidos y eso es doloroso.
Dios, en esta carta escrita esta noche que estoy en espera, al intemperie, no te pido que me hagas mas joven, la juventud ya la viví y fui feliz, no te pido que me hagas millonario, solo te pido que hagas mas humana a la gente.
Son las cuatro de la mañana, tarde una hora en escribirte, mis manos no son tan firmes como antes, tiemblo, la letras están un poco borrosas, me da vergüenza admitirlo, pero son de dos o tres lagrimas que la tristeza, la impotencia, el dolor y el coraje me han hecho derramar, pero he tomado una decisión, ME VOY A CASA, dejo mi lugar en esta fila, con la tarjeta del INAPAM no seré mas rico, ni mas pobre, pero seguiré conservando mi dignidad, esa que se gana con los años, con la madurez que da la vida, esa que le hace falta a nuestros funcionarios.
No pediré esa tarjeta de identificación, de descuento, la tarjeta que otorga el gobierno de Felipe Calderón a todos los “inútiles” viejitos como yo, ese lugar lo sedo, lo dejo vacante para que lo ocupen en unos años mas, esos funcionarios que hoy nos tratan como estorbos, que no les interesa nuestro bienestar, PORQUE COMO SE VEN ME VI, Y COMO VEN SE VERAN!!
AMÉN
Con cariño
Un anciano más
Selene Cobián Mendoza


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